¡Tengo la impresión de que hace un milenio que no hacía una tarta, me hacía falta! Así que cuando uno de mis colegas me trajo una bolsa grande de ruibarbo de su jardín dándome la misión de crear una receta que le gustaría (a él que no le gusta mucho el ruibarbo), ¡enseguida pensé en una tarta! Estoy bastante contenta porque esta tarta manzana-ruibarbo fue muy apreciada y como es una creación, siempre siento un poco más de orgullo.
Las técnicas que aprendí en el CAP me hacen una pastelera más técnica que creativa. Por eso, siempre tengo un poco de dificultad para soltarme en las recetas. Es tonto además, porque generalmente sale bastante bien cuando lo hago. Así que tengo que salir de mi zona de confort un poco más a menudo (vaya... parece que ese es el tema de la semana...).
Para esta tarta, decidí asociar el ruibarbo con la manzana golden para suavizar su lado ácido. Según el gusto de su compota, necesitará o no agregar un poco de azúcar. Es discreción de cada uno. Sin embargo, tenga cuidado, en esta receta la masa dulce y la crema de almendras aportan bastante azúcar, así que le recomiendo que vaya con cuidado con la compota para mantener el equilibrio entre lo ácido y lo dulce.
La única dificultad técnica de esta receta es la masa de tarta a foncer (que le había detallado en mi receta de tarta de chocolate y que podrá encontrar paso a paso en el ebook) pero nada realmente complicado. Para la crema de almendras, 2 puntos a conocer: se realiza con mantequilla bien blanda y nunca se bate con batidor (de lo contrario se le incorpora aire que se dilatará al cocinar y hará hinchar la crema). Para la compota, se pelan las manzanas y el ruibarbo y se dejan estofar tranquilamente a fuego bajo con un poco de agua. ¡Es realmente básico!
Sin embargo, utilicé un pequeño truco para una masa de tarta bien crujiente. Como la compota es bastante líquida, necesitaba una forma de aislarla de la masa (de lo contrario es seguro que me queda con una masa completamente empapada y blanda). Para ello, recubrí mi masa con una fina capa de chocolate blanco. Se llama «chablonner» en el oficio (también se puede hacer con clara de huevo). Preferí optar por el chocolate blanco para aportar un lado dulce al ruibarbo, pero honestamente no se sintió en absoluto.
Si tuviera que hacer una autocrítica de esta tarta manzana-ruibarbo, diría que le falta un elemento visual. Esto se traduce tanto en la foto como en la tarta en sí. Sin explicación, no se sabe de qué es. Ahora bien, en un postre perfectamente logrado, debe reconocerse el elemento principal a primera vista. Podría haber (y debería haber) agregado pequeños trozos de ruibarbo o rodajas de manzana para aclarar al espectador sobre lo que iba a probar.
Me tranquiliza saber que esto no impidió que mi tarta desapareciera en un tiempo récord, pero es un punto a corregir en el futuro.


